domingo

NUEVO LIBRO SOBRE TRIANA y su 2016


 



 

 

 

  PRÓLOGO

 
          Esta deliciosa obrita que, con el título Divagando por el Barrio de la Gracia, Santiago, mi esposo, se ha empeñado en que sea yo su Prologuista en razón de que en lo que al Barrio y nuestro amor por él se refiere, y como es natural tenemos en común, lo cierto es que no ha dejado de sorprenderme, gratamente, lo reconozco.

        Quiero pensar que se debe a lo mucho que llevo leído hasta ahora, y no quiero decir con ello que me considere una experta literaria, no obstante, si he de confesar que, en razón de lo que éste marido mío lleva escrito, todo lo que le he leído hasta la presente, que es mucho, me ha encantado, sobre todo y como no podía ser de otra manera, lo relativo a Triana.

        Triana, casi una ciudad sobre la que tengo la impresión de que es como si fuera una mujer de carne y hueso que pariera a algunos de sus hijos y es por eso que, después de haber gozado con la lectura de infinidad de versos tan llenos de sabor arrabalero, tan limpios y entregados como libres y nada encorsetados, comprenderán que no debía dejar pasar la oportunidad de, convirtiéndome en su peón de brega, hacerle un quite a la falsa humildad, y lanzándome al dorado albero de una fantasía tan real como compartida, ponerme manos a la obra y pergeñar esto que ahora que ahora os hago llegar con el sólo fin de que disfrutéis del paseo que durante trescientos sesenta y cinco días, eso sí, de fiesta en fiesta, ya que en Triana solo existe la felicidad alegre de quien vive y la comparte como el Trianero sabe hacerlo.

        Y es así como este Trianero se coloca y nos coloca sobre unos folios sin mácula alguna y comienza a pedirnos que lo acompañemos por lugares y momentos de los que quedan grabados en la historia, la memoria y el corazón de cada uno de aquellos afortunados que tuvieron la oportunidad de emborracharse con este humilde aunque hermoso “divagar por una gracia diferente, a los ojos de su autor, como es la que tienen los tuétanos de esta madre que siempre fue y será Triana”.

        Afortunados los que comprendan cuanto queda derramado sobre este trabajo porque de ellos será la satisfacción de poder decir: Pasé -virtualmente- unos buenos ratos por Triana.

 

                                                                                                              Luisa Pérez

                                                                                                             Otoño 2016





 
                        DIVAGANDO POR EL BARRIO DE LA GRACIA

 

 

 Voy a divagar por mi Barrio,

la Triana de la Gracia,

como lo hiciera Juan Sierra

cuando le cantó a Sevilla

con aquellas maravillas

de cuanto la ciudad encierra,

mas lo haré a mi manera,

mucho verso, y tan movido

que despierte los sentidos,

y aquellas entendederas

que dicen no estar permitido

escribir de esta manera,

pero, es lo que yo digo:

si yo quiero hacerlo así

porqué se me va a prohibir

escribir como yo quiera.

Termina de leer, amigo,

y luego ya me dirás

si estás o no estás conmigo.

 

 Este año, Triana se presentó

como quien en sociedad lo hace.

Con aquel uno de Enero

corrió de nuevo el venero

de la sangre arrabalera

de que se surte la gente,

llenándose de alegrías,

y hacer que sus fantasías

vivan las fiel realidad

de quien quiere comenzar

de nuevo a hacer un camino,

sin cizañas, sin espinos,

aunque tampoco, y es verdad,

la cosa sea tan sencilla,

pero, hay que apechugar

porque ya no ha lugar

vivir de mentirillas.

 

Nació el dos mil dieciséis

después de una noche loca

en que cerrara aquel quince

que a más de uno un esguince

le dejara bien baldao,

pero, en fin, ya se a acabao;

Un borrón y cuenta nueva,

y a esperar que no nos llueva,

al menos, demasiao.

 

 Triana paseó su Cabalgata

llena de luz y un color

tan difícil de igualar,

que sólo quien vive aquí,

en este bello Arrabal

se podrá así permitir

el poder considerar

que esto no será mentir,

que esto es pura realidad.

 

La ilusión que fue sembrando

al largo del recorrido,

fue nuestra mente llenando,

endulzando los sentidos

al tiempo que de regalos,

caramelos y suplidos

quedáronse bien repletos

 todos aquellos bolsillos

de jóvenes y mayores,

todos, en verdad, chiquillos.

 

Dice el refrán, y no engaña,

que la impaciencia en Triana

es de lo más natural…

Y debe de ser verdad,

ya que el Domingo pasado,

y en este caso me refiero

a aquel de la Resurrección,

ya se comenzó a contar

con el Calendario en la mano

lo que podía faltar

para poder disfrutar

de nuevo Domingo de Ramos.

 

 Y este se nos presentó

tan envuelto en celofán,

como ya hacía algunos años

que echábamos a faltar

la ausencia de aquellas nubes

que no dan seguridad,

aunque digan los del tiempo:

una llovizna na más”.

 

Con Ramos se hizo presente

un catálogo especial

para una única Sevilla,

y es que alegrías y Penas

que en aquella Noche buena,

que en Triana se viviera;

y ahora ya, naciendo el día,

pudo más la cofradía

que siempre ese día espera,

que en esa tarde de lujo,

tras ella vino el reflujo

de aquella imagen señera,

que pasada la ribera

dejando a Sevilla muda,

y es que esta, ya ni duda,

siempre será la primera.

 

  Lo cierto es que el Domingo

apenas comenzó a andar

llenó a Triana de gente,

los de aquí y los de allá

que cruzaron nuestro Puente,

y aspirando este Azahar

que hace santa hasta la mente,

poder así disfrutar

viendo a una Estrella valiente,

y luego poder comparar

aunque se haga entre dientes

si hay cosita tan igual

en los Cinco continentes.

 

Ciertamente fue un derroche

de fantasía y color,

bullicio y luminosidad

cuando aquella san Jacinto

 ahora ya peatonal,

se presentó tan radiante

sobre el Blanco de su umbral

que así quedó el vecindario,

otra vez sin respirar,

y en las mejillas un rosario

de lágrimas en manantial.

 

La calle, aunque es cortita

luciría aquellas galas

que la hacen infinita

y hasta del cielo antesala.

Cierres, ventanas, balcones

fueron todos decorados

con colchas y con mantones

llenos de solemnidad,

sin faltar los macetones

con su aire popular.

 

La Cofradía al completo

se paseó muy despacio

hasta llegar al Altozano

donde se apreció un respeto,

que al ser Hermandad de barrio

mucha gente no comprende,

mas tampoco es necesario,

por eso hay que estar allí,

en ese lugar enclave

 puerta del Guadalquivir

de la que Ella es la llave

y no hay más na que decir.

 

 Continuó una semana

que como diría Juan:

es la más Santa de todas”

y nunca le faltó razón,

por eso aquel Lunes Santo

y ya en el Barrio León

se acabaron los quebrantos,

la pena y la sin razón

cuando vimos los naranjos

cubiertos por esa flor

Blanca de nombre Azahar,

como el color del Amor

que luce arriba en su altar

 la Niña del corazón.

 

 Ella es la Soberana,

la Salud de los enfermos

de este Barrio que es Triana,

y es que junto con su Hijo,

el Soberano Poder,

 ya con la tarde avanzada

no hay que dejarlos de ver

en esa excepcional parada

que hacen ante los viejitos

y viejitas recogidos

en el Asilo de ancianos,

allí engañan los sentidos

cuando se ve al Soberano

desde un prisma contraído,

como se torna en Humano.

 

 Todo plegaria y fervores

se aprecian en las caritas

como ramitos de flores

tiernas, bellas y finitas

sus arrugas, sus dolores

que en esas caras marchitas

serán como resplandores

para la Niña Bonita

del Barrio de mis amores.
 

 Así, entre vítores y palmas

que registrará el ambiente,

caminó nuestra Hermandad

buscando también el Puente,

no sin antes saludar

a los enfermos y enfermas

que están en ese Hospital

de nombre Infanta Luisa,

 ese, cuya paradoja:

 que ya no es de Beneficencia

como aquel de la Cruz Roja

que hasta los años setenta

atendía necesidades

sin pensar en otra cosa

que no fuese la salud

de aquella pobreza en boga.

 

Dejada atrás la avenida,

de antiguo la “Carretera”

ahora llena de naranjos,

pero ausente de moreras

que tanto amara mi panda,

aunque lo que allí estuvo

fue ese hambre que pasaba

más de uno y más de dos

por esa ley del embudo,

¡cuánta crueldad, vive Dios!

 

Atrás se quedó el Naranjo,

y el ambiente perfumado

por ese Azahar en flor,

y caracolas de incienso

que los acólitos fueron

dejando cual huella indeleble

de su entregada pasión

natural de unas vivencias

 allá en el Barrio León.

 

Cuando cruzó san Jacinto,

esa arteria principal

con que se viste Triana

el Lunes de Semana Santa,

se encontraba a rebozar,

no cabía ni un alfiler,

y aunque es muy comercial,

la gente salió a la calle

dispuesta a verla a pasar

al compás de aquella marcha

con ecos de popularidad…

 

Cuánta elegancia y belleza,

gracia y naturalidad

cuando ya se fue perdiendo

y al Altozano llegar

sobre unos pies trianeros,

de san Gonzalo ¡ahí es na!

 

Triana durmió esa noche

ebria del enorme gozo

a la vez que apesadumbrada

de no poder ver a otra Reina:

Cigarrera, esa tan guapa

que de los nuevos Remedios

por el Arrabal cruzara

dejándolo aromatizado,

llenando de luz la Plaza,

hasta que una decisión

de los más absurdo tomada

dejara a toda mi gente

y a aquella de la obra banda

sin el poder contemplar

el Jueves Santo en Triana

a una Victoria callada,

y llorando tras su Hijo

viendo como lo azotaban.
 

 Ya no pasa la Hermandad

por el Puente de Triana,

y está tan triste su Madre

que no quiere ni campanas.
 

 Esa tarde, Jueves Santo,

me recogí más temprano,

y estaba justificado,

había que dormir un poco,

hacer descansar este cuerpo

ya de por sí muy cansado

por tanta pelea librada,

aunque alguna se ha ganado

o acaso solo empatada

en razón de aquellos hados

que te dejan tan helados

ante una turba encontrada.

 

Después de ver a Pasión

favor que hago a mi casta,

 deshice todo lo andado;

por el Puente a san Jacinto,

pasando por un Altozano

que vibra ya de un gentío

que no entiende de tempranos,

regresando ya a mi casa,

y allí quedar allí acostado,

hasta que en siendo la una

de un nuevo día preñado

de ilusiones y requiebros,

todo por muchos soñado,

de nuevo me fui a la calle…

 

La madrugada, hecha diosa

de aquellas “las Seis hermanas”,

daba su luz a este Barrio,

y así iluminada y gozosa

lucía esplendente Triana,

cuando al salir de Pureza

y abriéndose al Altozano,

el ambiente soberano

contemplaba la belleza

de un caballo y un romano,

tallas de tanta realeza

que este pueblo sevillano

no deja de cantar proezas

acerca de parecer tan humano.

 

 Pero nada es comparable

con esa talla admirable

que hiciera aquél Escultor

de nombre Marcos Cabrera,

la cual se reconociera

en la Sevilla del Arte

como aquel punto y aparte

 que deja tan ensimismado,

cuando con el subir racheado

el canasto de Guzmán

de apellido Bejarano,

ya deja atrás el Altozano,

                                     y ahora, arriba del Puente,

recibiendo la caricia

de una Carmen Marinera,

y de ese río la brisa

tan fresca y guadalquiveña,

el paso alegre se alarga

buscando ya la otra orilla,

mientras que en la calle Larga

ya suenan las seguiriyas,

algunas por Solea,

que son esa maravilla

que pariera este Arrabal,

ese cante de verdad

que siempre fue la bandera

de una gente sin igual

como la gente Alfarera.

 

 Y es que en la calle Pureza

cuando ya se encuentra Ella,

son luceros, son estrellas

las que rompen los balcones

con ese millar de reflejos

que hierven los corazones

de una Sevilla que el río

se bebió en dos borbotones

pa no perderse el quejío

de unas gargantas de lujo

cuando ya en la revirá

buscando así el Altozano

atrás se queda el reflujo

de mil caracolas de un humo

que el Incienso desprendido

 va labrando los sentidos

antes de subir el Puente.

 

Sonó de nuevo el martillo,

y aquellos riñones de arte

que habían hecho un aparte

en la Botica Murillo,

arranca de nuevo al paso,

recreando una subida

que dejaría fundida

la imagen de Juan Belmonte

antaño tan dolorida,

y esas lágrimas vertidas;

lágrimas y sentimientos

son vidas arracimadas

cuando en lo alto, encarada

a su Hermana Carmencita,

están llamándola ¡Guapa!

y la otra, qué bonita

se puso para su Hermana

en aquella capillita,

Gloria del Barrio y su gente,

siempre por siempre Bendita

antes de entrar en el Puente.

 

 Ya se va para Sevilla;

los lamentos trianeros

quedaron flotando al aire,

al pie del reloj del Faro.

¡Cuántos recuerdos nos llegan

cuando al pasar por su puerta

toda ella nos recuerdan

aquellos tiempos pasados

a bordo de unas vivencias

tan dulces como entregados!
 

     Desde el balcón de Duarte,

José, tan buen amigo

como buena gente,

pude ver perfectamente

esa revirá en Callao

cuando fue de parte a  parte

luciéndose aquel Costero,

el de Joaquín, el de la Choni,

 para de nuevo en san Jorge

y enfilando el Altozano

ver cada vez más Humano

el más perfecto perfil,

y con el que poder presumir

de raza, Cachorro y gitano.

 

Ya esa Plaza que es entrada,

pero, que el Viernes es salida,

ahora, y desde aquella mi altura,

veo tal inmensidad de criaturas

que da mucho que pensar

como el Cachorro al pasar

no pueda ver a ninguna

por culpa de su elevado mirar

siempre hacia las alturas.

 

Reflexiono sobre que el Cristo

pasa reflejado en el agua,

pero, que nunca la ha visto

aunque sintiera el frescor

entre los dos barandales,

sin embargo, nuestros males

los mitiga con su Amor

que son sus armas reales.

 

Desde mi atalaya observo

su entrada hacia aquella tabla

que es el Puente de Triana,

con que gracia Soberana

lo están llevando a Sevilla,

y que allí sea sevillana.

Mas se oye otro bullicio,

es el que entre los naranjos

de una Castilla imponente,

puerta de la O impaciente,

está pasando muy despacio,

despacio, como si no andara,

Patrocinio la Señorita de Triana,

la de la carita lastimada,

y que ya asoman sus varales

por la esquina de Callao.

Viene derramando amores,

perfumando con su aroma

hasta todas aquellas flores

 que a los balcones se asoman,

y en este que me encuentro yo,

a mi lado un hombre grande

como no es posible hayan dos

le dice desde la altura:

Patrocinio no me explico

como una pena tan grande

cabe en un pañuelo tan chico.

 

Ella no se ha detenido,

y hacia el Altozano sigue

repartiendo entre gemidos

medias sonrisas amargas

que inundando están la Plaza

ahora vestida de grises;

son los ojos de un Arrabal

que, cual nudo en la garganta

está viendo cómo se va

también buscando la plancha,

como lo hiciera su Hijo

tan sólo hace un momento.

 

Cruzando la Capillita,

la han revirado un poco,

un poco, y ya derechita

a buscar esa otra orilla

donde también la reclaman

pa llamarla Señorita,

 pero ahora, Señorita Sevillana.
 

Me hubiera echado a la calle,

pero era la primera vez

que a un balcón fuera invitado,

y por eso me quedé.

 

  La nueva mañana del Viernes

se nos presentó radiante;

al igual que horas antes,

horas de la madrugada,

aquella calle Castilla

deliciosamente engalanada

viviría el testimonio

de otra Triana entregada.

 

 Alguien con mejor oído

parecióme oírle decir:

¡Se oye la Marcha real!

 ya el Nazareno de la O

está saliendo ¿la oyes?

Claro que la estaba oyendo,

oyendo y sintiendo,

sintiendo y recordando,

recordando y viendo

a mi tío Pepe vistiendo

su propia ropa Morada

mientras que yo, niño, jugaba

con su corto capirote…

pero, mis ojos aún estaban

clavados en aquel manto,

y en el que el Sol del Aljarafe

se estaba como mis ojos recreando.

 

Ya lo creo que la estaba oyendo.

Los bajos y morados antifaces

hacía ratos que tenían llenas

las calles Castilla, Callao,

y la esquina donde me encontraba

a mi parecer encaramado.

y es que en el Barrio

se veía el brillo de la magnífica

Cruz de Carey que el Indiano

le dejara de regalo a la Hermandad.

 

 Pasó como siempre, muy despacio

no es de las que son proclives

a aquello del paso alante y atrás,

que la cuadrilla de Ariza

marcha de otra manera,

una forma de trabajar

que no desmerece a las demás,

y fue que con su peculiar andar

se presentó en el Altozano.

 

Antes de la revirá

buscando aquella subida

tiro los zancos al suelo

 para un momento más tarde

convertir en un revuelo

de palmas enfebrecidas

y susurrantes plegarias

que se dejaron oír por la Plaza.

 

El momento se rompió,

y el paso en su levantá

hizo que nos pareciera

que era aquél Nazareno

el que ahora andar quisiera,

como mostrando unas prisas

difíciles de entender,

contemplando un cielo Azul

que no se veía hacía tiempo.

 

Con la calma de quien sabe

que el Trianero no tiene interés

en que lo lleven a Sevilla

fue cruzando la Plaza.

Ya había pasado el Ficus

cuando una melodiosa marcha

se desgranaba en el ambiente

entre Castilla y Callao,

la misma pero diferente,

más pausada que otras veces,

un tono donde la magia

de una notas angelicales

 se iban quedando impresas

entre los blancos azahares

de aquellos naranjos en flor

que adornan aquellas calles.

 

Ya san Jorge es un primor,

y no le falta un detalle

pa tener a aquella Flor

en el Barrio de Triana.

Ahora me sentí un tanto mal,

y es que su grave pasar

por debajo del balcón

imposible ver su cara

y fue aquella desazón

la que me hizo estallar,

y sin pensarlo dos veces

dije adiós a los asistentes

y a la calle me lancé

aunque sabía muy bien

que no podría ni andar

pero, eso sí, podría verle la cara

una carita muy difícil de olvidar

cuando la tienes grabada

de muchos años atrás.

 

La multitud incontrolada

aún bañaba la Plaza

era uno muchedumbre

 que ya delante de Ella

avanzaba hacia ese Puente

que en nuestra Semana Santa

es pasarela de estrellas.

 

Y fue así como la vi

aquella última vez

de frente y de espalda, exultante

cuando el Sol en el Aljarafe

pensaba igual que yo:

De aquí no hay quien me mueva

hasta que no cruce el Puente”.

 Y así, siguiendo a la multitud

me encontré caminando al paso

ya que otro modo no había

por lo que tomé la decisión

 de volver con la familia

que aún estaba en el balcón.

Había desistido seguir

por culpa de mis rodillas,

y es que ya no eran chiquillas,

ni yo tampoco el chiquillo

que millas y millas corría

buscando en esa agonía

el sitio del Baratillo.

 

El Postigo, el Salvador

pero no ha lugar el seguir

reseñando más lugares,

Triana y Sevilla entera

que con mi Barrio León

conforman las mil quimeras

de una semana de lujo

llamada semanasantera.

 

Y así fue que tal que vino se fue,

al menos para mis huesos,

por lo que llegado el Domingo

allá por santa Marina

le di un adiós definitivo

como haría tanta gente,

así que con la hora propia

me tomé una cervecita

en “ca er niño Vicente”

 tiré pa la Resolana,

y allí cogí el autobús

que me devolvió a Triana.

 

Es curioso cuanto pasa

en esta Sevilla nuestra,

se acaban de cerrar las puertas

de una semana entrañable,

y ya estamos pendientes

de la otra que se abre,

y esta nueva es solo una

pero una sola y bien grande.

 A grandes y tempranas voces

se presentó el mes de Abril,

como queriendo decir

que también él quiere su parte,

vamos que por algo él está aquí.

Y no hay que extrañarse de ello

 porque en Sevilla a lo bello

es que no le encuentra fin…

 

Eso, que al fin nos llegó

el día más esperado

diría algún desesperado

esperando el pescaito,

aunque ya unos días antes

aquellos, los más feriantes

ya no pudieron aguantar,

y así entre rato y rato

se dieron una escapá

y acercarse a la caseta

que entre luces y mantoncillos

está ya casi acabá.

 

La portada, que maravilla,

que arte hay que tener

pa colocar tantos tubos,

tantas planchas y bombillas,

eso si es Arquitectura,

¡qué grande eres Sevilla!

y esa Triana tan pura

en todo lo que se propone

que hasta en unos sofocones

tienes dignidad y altura.

 

Las calles con ese albero

 traído desde Alcalá

ya tienen brillando el suelo.
 

Las aceras baldeás,

 los farolillos en su sitio,

las macetas bien plantás,

y aunque no empezó la Feria

ya está la gente muy seria,

colgada de un delantal,

esa prenda de cocina

que ya en aquella esquina

donde estaban “Los Mosquitos”

esa noche caerá

to ese pescaito frito,

y luego a cantá y bailá

hasta que llegue la hora.

 

Y la hora ya llegó,

sin retraso, y como siempre

revuelo de tanta gente 

que vestida de gitana

y guardando la tradición

bajo la portada tienen

apartada la emoción,

ese momento tan grande

en el que ya nuestro Alcalde

va y le endiña a aquel botón,

y entonces aquello brilla,

y yo sufro esa impresión

que me sube la tensión,

vamos que me da una subidilla

al ver cuanta maravilla

la de este deslumbrón

que es la Feria de Sevilla.

 

Al día siguiente ya

y sin poder esperar

nos vamos al abordaje

buscando aquella mañana

que sería repetición

durante toa la semana;

los paseos de carruajes,

caballistas y amazonas

paseando la hermosura

de equinos bien ataviados

a la más fina andaluza,

aunque siempre hay gentuza

que los tienen maltratados.

 

Si en la feria de Sevilla

que es la feria de Abril

la mañana es deslumbrante,

                                       en llegando el mediodía

que os voy a referir

acerca de una alegría

que es el fiel de su perfil.

 

Es la hora de un almuerzo

que hace vibrar la caseta

dando así rendida cuenta

de la clásica vitualla,

y es que vayas donde vayas:

los mariscos, el jamón,

las sabrosas calderetas,

y todo muy bien regado

con finos y manzanillas

que en esta Feria, señores,

es razón, como Sevilla.
 

 No faltará el rebujito

que ya pusieron de moda

y hacerle la competencia

a una sana efervescencia,

a la bebida de siempre

la Cruz Campo, cervecita,

cervecita que en conciencia

siempre guardó la apariencia

de ser la más indispensable

que aunque todo es respetable

de ahí nuestra libertad.

 

Pero en la feria da igual

ya sea manzanilla o fino,

lo importante es el estar

en la caseta o la calle,

que el baile y el cante estalle

de esa forma singular

que sólo se suele dar

en esta nuestra tierra ¡vale!

Feria de Sevilla y ¡Olé!

 

Y esa calle del Infierno,

dónde me la deja Vd.,

con ese bullicio loco

que revienta los sentidos

entre música y pitidos

de unas sirenas,

 mezcla de mil alaridos

haciendo así las llamadas

a mayores y chiquillos.

 

Y esa Tómbola graciosa

en la que si aciertas te toca

el más enorme peluche,

y con el que hay que cargar

hasta que enciendan las luces

en que ya la prole cansada

el regreso se produce.

 

Ya en casa baño y cena,

y al cuidado familiar

generalmente la abuela;

y a la cama sin tardar,

que ya comienza a pesar

la paliza de ese día,

desde aquella mañanita

que con tantas “calesitas”

rodando por la cabeza

 nos recuerda aquel cajón

de tan alta bendición

donde están las pastillitas,

¡ay! Aspirina bendita:

un par de ellas del tirón.

 

Ya se hizo cargo la abuela,

y nosotros a la ducha

para un nuevo regresar

y así poder disfrutar

de la más hermosa velada

que os podáis imaginar,

cómo brilló esa caseta

entre encajes, abanicos,

mantoncillos, panderetas

que luciendo las paredes,

ya me dirán a mí Vds.,

si no mereció la pena

el pagar unas pesetas

por una noche tan buena.

 

      Los grupos de sevillanas

que ya fueron contratados

amenizaron la noche,

mientras sobre los tablaos,

las flamencas y sus parejas

al aire de unas guitarras,

 palmas y castañuelas,

bailaron hasta el amanecer

o que aguantaron las fuerzas

que es como debe de ser.

 

Dicen que en esta su Feria

los sevillanos no paran,

vamos, que hay mucha cuerda,

y ello ahora me recuerda

la tristeza del final

cuando en ese último día

se advirtió que la alegría

que otrora se disfrutaba,

vio como llegó el momento

en que un nuevo sentimiento

se coló en el sevillano

pensando cuánto le queda

para un nuevo pescaíto,

mas se queda callaito,

 que tiene su explicación,

y es que Sevilla no para,

como no para Triana

porque en volviendo la cara

pasada ya la semana,

ya quemada aquella etapa

otra fiebre se desata,

y entrando de lleno en Mayo,

ya está viendo los caballos

por san Jacinto, Altozano,

o por aquella Castilla

donde un millar de chiquillas

jaleando entre volantes

el amor por su Rocío,

ya todo es escalofrío

convertido en llantos, rezos,

oraciones que en el alma

vuelan buscando su cara,

charquito de Luna clara

donde se miró Triana,

y que ya va despidiendo

a la alegre caravana

camino de las marismas,

así es Triana, ella misma

con repicar de campanas.

 

 Aún sonaban los cohetes

por Cuesta del Caracol,

y en el susurrante oído

multiplicado por dos,

se fueron alejando estos

y dejar paso a otro son.

 

De nuevo vivió este Barrio

pasada otra gran semana

el regreso legendario

de la Hermandad de Triana.

 

La multitud de sonidos,

y ese sin par colorido

con que se viste la noche,

por esa calle Castilla,

 dueña de los mil sentidos,

fueron quebrándose en ayes,

 en lágrimas, en suspiros,

en peticiones calladas

que en un sinfín de miradas,

cuando el clamor desatado

de intentos disimulados,

dejaron claro ese sino

de ya querer otro año

volver a hacer el camino:

 ¡Madre mía del Rocío

dame fuerzas para ti

que quiero otro año seguir

sintiendo ese escalofrío

que me está haciendo vivir!

 

Mientras en ese otro lado

del corazón rociero,

la garganta destrozada

por la voz emocionada

está diciendo te quiero

al compás de un tamboril

que es el son de un corazón

que no para de latir,

como queriendo decir

 con aquellas sevillanas,

que si habría de morir

que se muera aquí en Triana,

al lao del Guadalquivir.

 

No era necesario oír,

sólo con ver aquellos labios

ya se podía sentir

el tierno devocionario

que Ella pudiera pedir.
 

 En un abrir y cerrar de ojos

Junio se nos echó encima,

para abriendo otro camino

allá por Vázquez de Leca

disfrutar otra gran fiesta

de orden catedralicio,

y celebrar un Solsticio

pletórico de deseos,

 de pasarlo bien, sin más.
 

 Un año más, Triana

vivió otro acontecimiento,

para algunos, el único.

La fiesta del Corpus Chico

como fuera conocido

desde año mil quinientos.

Espléndida la mañana,

comenzó brillando al compás

de aquel axioma que reza:

Tres jueves hay en el año

que relucen más que el Sol.

Jueves Santo, Corpus Cristi

y el día de Ascensión.

Tenía que ser así, y así fue;

no le podía fallar el Sol

a esta fiesta milenaria,

por eso se trasladó

                             con su hermosa luminaria

                          a un Domingo como no hay dos.

 

Las calles engalanadas,

y de romeros y juncias

magníficamente regadas

para un pasar entregado

a la oración susurrante

 de un pueblo que, delirante,

se entrega de cuerpo entero

cuando entrando en el sendero

de Rodrigo de Triana,

busca ya por san Jacinto

llegar hasta un Altozano,

frontera que, mano a mano,

con aquella calle Larga

ve como la luz se alarga

de regreso a aquella Iglesia,

otrora la Catedral

de unos fieles trianeros

que no aceptan ese pensar

de que le quieran cambiar

ni el nombre ni los veneros

que arrancaron los primeros

habitantes de un lugar

cien por cien arrabalero.
 

 Recogida en procesión

la Custodia de Mateo,

ahora sí, de verdad veo

que se fueron esas fiestas

que llenaron a Triana

entre el frío mes de Enero,

y el calentito de Mayo

cuando me quito ese sayo

que con fecha de cuarenta,

se encienden las ilusiones

pensando en las vacaciones

de aquella parte serrana

de mi Andalucía cabal,

mas allí todo da igual;

no se acaban los festejos

durante todo el verano,

y los pueblos, mano a mano,

no paran en todo tiempo

de organizar ferias, fiestas,

cucañas y romerías,

y aquí en el Guadalquivir

que os podría decir

de Santiago y de Sant´Ana,

una Velá que la gracia

de este Arrabal trianero,

hiciera nacer Sevilla

 con sabor de Feria grande

allá por el mil trescientos,

que dulce acontecimiento

alrededor de una hoguera

que, al pie de su Catedral,

Mayor de la Abuela Ana

sintiera entera Triana,

y en verdad que no hay dos

que vivieran la emoción

de aquella hermosa mañana.

 

La calle Betis, entonces

llamada Vera del río,

nunca perdió en el estío

esa manera de ser,

del estar y el señorío

santo y seña de su gente,

las señas de identidad

que a donde quiera que va

la relación con Triana

nunca se podrá ocultar,

que es mucha la diferencia

entre ser de una conciencia

o conciencia de Arrabal.

 

Y al otro lado del Puente

llegado ya ese tufillo

 de las sardinas asás,

un millar de farolillos

se notan ya nerviosillos

desde el Muelle de la Sal,

y esto es más que un halago,

                                     ya que cuesta comprender,

                                         y este es mi parecer,

que esta Velá de Santiago

y Sant´Ana, siempre fue

la más antigua de España,

¡no hay quien de más, mire Vd.!

 

Visita a la Marinera

Carmen que vive en Puente,

y bajando la de Tagua,

por aquellos escalones

que un día fueron vecinos

del Kiosco de la Flores,

y la anterior “Canariera”

 que regentara Laureano,

las dos, Sevilla y Triana

pasearon de la mano

a lo largo de la calle

que la más bendita gloria

dejara para la historia

sin que faltara un detalle,

como el de nuestra Cucaña

que naciera sobre el río

en razón de un homenaje

a aquella Infanta de España,

y es que María Cristina nació

el mismo año que el Puente

Sevilla lo inauguró…

¿qué año dice la gente?

el año cincuenta y dos,

un siglo antes del Veinte.

 

Salí por la puerta grande

de un Julio de privilegios,

 y no es que no me doliera,

que me dolió, y bastante,

pero esperaba el instante

en que volviendo a la sierra,

y seguir esas vacaciones

que demanda la familia,

es como una vigilia

de obligado cumplimiento,

y a esperar aquel momento

del ansiado regresar

a los brazos de este Barrio,

de este coqueto Arrabal

que de continuo reclama

cien mimos y mil caricias,

acaso no es una delicia

que piense así de nosotros…

 

Y es que existen trianeros

y es la pura realidad,

 que la van a aprovechar

con su sentido más lerdo,

y después, ya ni me acuerdo,

repito, la más pura realidad,

que es verdad, y me da igual

lo que se pueda pensar

acerca de cuanto digo

desde este rincón serrano,

ojalá se termine el Verano

para en volviendo contigo,

a tu lado y como antaño,

demostrarles así otro año

que yo sí soy diferente,

y no como aquella gente,

que ya lo he dejado dicho,

                                      son como fieras calientes

que te cogen entre dientes

viviendo de sus caprichos

que es la razón de sus mentes,

y luego dejarte entre dichos.

 

A finales de Septiembre

regresamos de la sierra,

y como es preceptivo

entramos por nuestro Barrio,

ya la Hermandad del Rosario

había comenzado a andar

 organizando la fiesta

que al igual que cada año,

como último peldaño,

dedica a su titular,

aunque ya aquella Velada

que celebraba en Octubre

junto con su procesión,

en procesión se quedara,

y es que en el Barrio León

hasta aquello se perdió,

                                      perdida ya la costumbre,

                                  y es que el Barrio ya adolece

de aquella sana alegría

que mostraban cada día

unos jóvenes, y mayores

que se volcaban en loores

por esa Virgen chiquita

que allá por el siglo veinte

se fundara tan bonita

al amor de tanta gente.

 

                                      La década de los ochenta

vio como se gestaba,

y felizmente llegaba

la deseada revelación

de aquella hermosa  gestión,

y que impaciente esperaba

 ver ya su culminación.

 

                                     Con las primeras calendas

del ansiado mes de Octubre

el Barrio se echa a la calle,

y no le falta un detalle

al bello procesionar

que al decir del visitante,

 

o la gente del lugar,

que gente con más talante

disfruta ya esta Hermandad,

y es que verla atravesar

por este Barrio León

buscando ya san Gonzalo,

desde donde iniciará

ese sin par recorrido

que despertará sentidos

en un nuevo transitar.
 

 Así, todas la de Gloria

dejarán su fiel historia,

y que disfrute Sevilla

al igual que aquí en Triana,

porque también en Sant´Ana

desde el siglo diecisiete

este Arrabal acomete

organizar cada año

tan solemne procesión

que, con esa perfección,

de una pléyade de hermanos,

la más Divina Pastora,

que es lo que Ella atesora,

hace temblar a Triana,

y con ello al corazón

de quien la quiere y la adora:

mil razones, y en razón

de quien bendita la hora

tuvo tan feliz concepción.

                                       
                                       Aquella Vázquez de Leca

de mediados de Septiembre,

nos cuentan los reportajes

que era un río de emociones,

de pellizcos y sensaciones

que a nadie dejó indiferente,

y así contaba la gente

como por calle Pureza,

frente a la de los Marineros,

un ramillete de flores

le echaron con mil amores

para adornar su sombrero,

como si fueran estrellas,

                                        como si fueran luceros,

                                       como si fueran espumas

                                    de un Guadalquivir señero

sobre el que navega ella

como si fuera un velero.


                                         Si allí hubieras estado

me dijo el amigo Juan,

macareno por más señas,

cuando hube regresado.

“Apenas salió de la calle

y atravesó la frontera

ardiente del Altozano,

se consumó esa quimera  

que nos lleva de la mano

por una esquina cualquiera

de este Barrio tan Cabal,

y es que no se podía andar

entrando ya en san Jacinto,

y sobre todo, querido,

cuando quedé sorprendido

al revirar a Alfarería,

eso no me lo esperaba,

es que no me lo creía,

con la carne de gallina

nos quedamos extasiados,

que fue un momento alado

que no te puedes creer

si no te encuentras allí,

y eres testigo directo

de tan bello discurrir”

 

 “Por calle Alfarería entró,

y cuando en Antillano Campos

otra nueva revirada

a Pagés del Corro la llevó,

créeme que me embargaba

una extraña sensación,

y es que tampoco esperaba

que de nuevo en san Jacinto

la multitud aguardaba

esa nueva aparición

que te llena de emoción

cuando en aquella capilla

tan preciosa, tan sencilla

que no tiene parangón,

el saludo a aquella Estrella

muchas gargantas quebró.

Y allí, un año más la dejé

no sin dejarla de ver

dando la vuelta a la esquina

de Rodrigo de Triana

tan hermoso oscurecer

que yo nunca olvidaré

aunque esté en la Resolana”.

 

 Se fueron Octubre y Noviembre

dando paso a otro Diciembre,

sabores de Navidad

en que alguno encontrará

tristeza o melancolía

de aquellos que ya no están,

y que hicieran disfrutar

con esa sana alegría

de fiesta tan popular

alrededor de un Belén

que yo preparo también,

el día de la Inmaculada,

en el salón de mi casa,

y oyendo unos villancicos

que me traen los recuerdos

de cómo ponía de acuerdo

a mis niños cuando chicos,

 

que empeñados en llevar

en cada mano un manojo

las figuras que a su antojo

siempre querían montar,

y si he de ser sincero

siempre quedaba el Portal

para quitarse el sombrero.

 

Son fechas para Triana

en que los campanilleros

van alegrando las calles,

llenándola de alegorías,

los cantos y la algarabía

que sembrada por doquier,

es el fruto de la miel

cosechada en estos días

para que todos a una

alejemos de una cuna

aquello que no es de bien.

Palillos y panderetas,

guitarras y los chinchines

forman los coros afines

a esta fiesta singular

que nadie podrá igualar

al largo de todo el año.

 

 La noche de Noche buena,

esperemos como antaño

que allá en la Sacra Familia,

conocida la Plazuela,

a los pies de aquella Abuela

se vuelva a montar el Portal

que a Triana siempre dio

sentido y popularidad,

con su gracia, su calor,

y animales de verdad,

ya que todos los chiquillos

que cada año pasaron

a recrearse en su ambiente,

de aquella forma evidente

en unión de sus maestras

y también de sus maestros

dijeron este es el más bonito,

claro que sí, es el nuestro.

 

 Y así fue como pasaron

                                        por el río estos peces,

y acabar los doce meses

que en algunos casos fueron

para algunos un martirio,

para otros un delirio

ya que alcanzaron la meta

del trabajo deseado,

no obstante, ese fin de año

con pelillos a la mar,

y a esperar que el Diecisiete

con un juego de cohetes,

venga lleno de venturas,

con mucha luz o a oscuras,

sólo hay que disfrutar

de una buena Noche vieja,

ya sean uvas o lentejas

que ya luego Dios dirá.

 
                                                                            -o0o-
 

 Dedicado a Juan, un Macareno

enamorado de Triana,

y a Melisa Bejarano

por su colaboración

en tan bonita Portada.

 

La imágenes fueron tomadas de Internet,

así como del archivo del autor.

 

 Nota del autor: Cada una de las parcelas de los acontecimientos tiene recogida en el libro la imagen correspondiente. No obstante, aquí no he podido reflejarlas dado el sobrepeso en el conjunto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4 comentarios:

  1. Teniendo de manera virtual, el libro que figura en este apartado, una vez más sorprende gratamente su contenido e invitamos a todos, para que lo lean detenidamente.
    Esta gran obra, viene diligenciada por una prologuista, que viene "conociendo" desde siempre a Santiago.
    Estaremos una vez más en estado de alerta para cuando vaya creando y ahora como el manifiesta. . .
    "a esperar que el Diecisiete
    con un juego de cohetes,
    venga lleno de venturas,
    con mucha luz o a oscuras,
    sólo hay que disfrutar
    de una buena Noche vieja,
    ya sean uvas o lentejas
    que ya luego Dios dirá.

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    1. Así es, amigo Paco, y ya estamos metido en el siguiente, y estoy seguro de que este también te va a encantar. Seguro.

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  2. Te he leido con auténtico deleite, no solo tu poesía, también el maganifico prólogo de ut esposa, y ¿sabes lo que te digo? que se las tendrá que ver conmigo quien opine como escribe mi amigo en prosa o poesia,llegas al Alma mia y te agradezco tu atención de mandarme estaa preciosidad. un abrazo para ti y para tu mujer que tanto monta,( en el buen sentido de la palabra.

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    1. Se te ha entendido, amiga. Espero volver a deleitarte con la siguiente que ya está en capilla, como se suele decir.

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